🇵🇰 Etapa 1×21🇵🇰 – ✊🏼Donde nace el Rock’N’Roll🤘🏼

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Como dice la canción; Logo SpotifyAbro los ojos cada media noche. Hay mucho jaleo en la calle y el aislamiento es prácticamente inexistente, no dejan de pasar motos pitando todo el rato y, no sé si es por el calor del día, pero hay mucha gente hasta altas horas de la noche. Teniendo en cuenta el impacto que causa el tener que ir todo el día escoltado por militares armados y la cantidad de películas vistas, te da la sensación de que en cualquier momento van a entrar los terroristas por el balcón tirando la puerta abajo para secuestrarte, pero no JAJAJA.

En vista de que llevo casi 2 semanas y no he conseguido cargador para el intercomunicador, decido desmontarlo todo del casco para que sea más cómodo, no tiene pinta de que en Pakistán vaya a conseguir el cable.

Intentamos desayunar en el maravilloso hotel pero no tienen nada, tampoco les queda agua así que 2 militares y un empleado me acompañan a una tienda que hay al lado del hotel, donde compro unas galletas de naranja y menos mal que tenían algo de agua, si no habría muerto añurgado.

Nos ponemos en marcha temprano y hoy vamos más rápido, el militar en lugar de ir en sus viejos pero lentos vehículos, se suben en la Toyota de mi colega Álex y podemos circular a ritmos de 80-90 km/h.

Las paradas hoy, por el motivo que sea, son mucho más rápidas. No sé si es que la zona es más segura o qué, pero no nos están pidiendo los papeles y con que el militar que va con nosotros hable con ellos nos dejan seguir.

Incluso nos dejan hacer una parada para sacar una foto, la zona es muy bonita y da pena no poder parar a disfrutarla.

Parecen gente muy seria, pero tienen su punto.

¡Y les encantan las fotos! JAJA

En uno de los controles paramos a hacer un descanso obligado, a esperar a que llegue la siguiente escolta para que se vuelva la que nos ha acompañado.

Los levies, aprovechan nuestros viajes para llevarse provisiones unos a otros; a veces es el almuerzo o algún refresco, y otras, elementos de dudosa procedencia 🤔.

Al menos en esta parada tenemos sombra, hace mucho calor desde primera hora de la mañana y nos estamos adentrando en el desierto.

A los pakistaníes les encantan las fotos, o al menos a éste, pensé que igual habría problema por sacar fotos a un militar y cuando saco fotos a mi moto se pone él jaja.

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Balochistán, día 2.

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Hasta aquí llega este Gas & Roller, volvemos a seguir a una vieja pick-up a 50-60 km/h, la moto no baja de 90°C.

Nos obligan a otro descanso hasta que llegue la siguiente escolta, aunque esta vez no hay sombra.

Al menos me da tiempo a terminar de desayunar y comerme las galletas que he comprado por la mañana, llevamos varias horas circulando en ayunas.

Álex vive en su coche, por lo que va muy equipado. Aparte de eso, vivió un tiempo en España y se enamoró del gazpacho, por lo que con sus verduras, su maquinaria y yo el aceite de olvia virgen cortesía de Olealia.

El día es bastante repetitivo; avanzar poco y muy lento, sumado al calor que hace (45-50°C) hace que la moto circule en un calentón constante. A veces conseguimos seguir a alguna escolta un poco más rápido aunque otras veces seguimos a 2 militares subidos a una Honda CDI 125 cc, la moto estrella de por aquí.

Tras muchos controles, llega uno en el que nos piden los papeles y al ir a entregar el pasaporte… NO ESTÁ.

Desmonto toda la moto, reviso varias veces cada compartimento, maleta, mochila y bolsillo pero no aparece.

Voy a hablar con Álex para que me ayude a hacer memoria a ver si hoy nos han pedido los papeles en algún punto y me confirma que no, por lo que empiezo a barajar opciones; que los del hotel no me lo hayan devuelto, que se me haya caído en algún sitio, que me lo hayan robado… Cualquier opción es válida, la que no lo es, es la de volver atrás.

Los militares me dicen que no puedo volver, que la escolta está organizado para ir hasta Quetta y que es peligroso volver, también me prohíben volver sólo y me dicen que ellos contactaran con el hotel y los otros controles a ver si mi pasaporte está en algún sitio.

Como si las malas noticias no fuesen suficientes, al volver a la moto veo una mancha debajo de ella. Lo toco para ver qué es y deduzco que es agua que del calentón que tiene, ya no cabe más en el vaso de expansión y la está tirando, seguimos para bingo…

Pregunto a los militares, que no se les ve muy preocupados por mi problema y me dicen que ya han llamado a todos sitios pero que no saben nada de mi pasaporte. Dudo que hayan llamado, pues no han tardado nada en decirme que sí y hay mínimo 10 controles, aparte del hotel. En muchos de ellos hay un móvil de estos básicos muy antiguo, en una botella de plástico cortada a la mitad y clavada con un clavo a la pared del cuartel (normalmente un cuartucho de adobe de unos 4 metros cuadrados).

En uno de los controles nos obligan a entrar dentro a esperar a la siguiente patrulla. Al entrar a este cuartel, que parecía más el salón de un piso franco que un cuartel, despertamos a un militar que estaba acostado. En esta sala al menos tienen aire acondicionado. Nos ofrecen asiento junto a ellos, alrededor de la típica mesa de camping, de plástico, muy deteriorada. Una de las patas de la mesa está pegada con cinta aislante y se tambalea a la mínima. Los militares van dejando sin ningún tipo de respeto sus rifles AK47, apilando uno encima de otro, dejando uno de ellos apuntando hacia mi entrepierna, qué tranquilidad. Para más colmo, las armas están en muy mal estado; las correas con las que se las cuelgan están muy deshilachadas, el metal totalmente rallado y las maderas incluso agrietadas, confío en que eso haga que nunca se disparen. Me recuerda a cuando llegamos al descanso en el trabajo y vamos dejando nuestro walkie talkie encima de la mesa, el mismo miedo le tienen ellos al arma que nosotros a una radio JAJAJA. Me aparto como puedo y conversamos un rato, algunos hablan inglés y son muy amables.

El día sigue y la situación empeora; pasamos mucho tiempo detrás de una vespino que circula a 30-50 km/h, con 2 hombres encima. La situación es un poco cómica pues como aparezcan “los malos” creo que lo van a tener muy fácil; 2 hombres en una moto de 125 cc de 4 tiempos que no llevan ni botas militares, van en chanclas.

Aunque ya ha pasado lo peor y hemos salido del desierto de Kharan, el día se hace muy largo y en algún caso incluso me tira el agua por el sobrante porque ya no tiene más capacidad de refrigeración.

Conforme nos acercamos a Quetta el tráfico aparece, ya no sólo nos cruzamos con camiones si no que se empiezan a ver coches y autobuses. Casi todos van cargados hasta arriba, muy por encima de la capacidad de los mismos. La gente aquí tiene una percepción del miedo, o del daño, muy distinta a la nuestra. No sólo van subidos donde pueden, lo que implicaría que cada uno viaja con los recursos que puede. No se me olvidará nunca un autobús con el que me crucé, que iba hasta las trancas de gente, con el techo cargado de muebles y un chico sentado con las piernas cruzadas encima de un armario, en la parte de alante del techo del autocar. Podría ir entre los muebles perfectamente, o detrás de ellos protegido por los mismos en caso de frenazo o accidente pero prefería ir sentado en lo más alto viendo el paisaje, sin ningún tipo de seguridad ni miedo a nada. Mucha gente me dice que estoy loco y no entiende qué atractivo puede tener viajar a países como Pakistán. Está claro que aunque sea el mismo planeta son mundos distintos, el choque cultural es brutal y eso es lo que más me fascina de viajar. Al igual que al Carlos Tarque más salvaje, nada que ver con el clásico líder de M-Clan, no me arrepiento de vivir deprisa, deprisa, llevo la muerte dibujada en mi sonrisa… ¡Aquí es donde nace el Rock & Roll!

Pero los chicos malos queman gasolina, sueñan con reinas pálidas del rock, que les hagan volar así que seguimos la marcha hasta llegar a Quetta, donde el caos se dispara hasta niveles insospechados. Al llegar a la ciudad todo se vuelve muy delicado y las patrullas aumentan en frecuencia y número, así como el nivel de seguridad. A cada distrito vamos cambiando de patrulla pero sin ni si quiera pararnos, hay mucho tráfico y empiezan a aparecer motos escoltándonos mientras seguimos la pick-up de turno. El tráfico es tan denso como caótico y la gente no tiene, para nada, el mismo respeto a las armas y militares que por Europa. Las motos se meten entre los militares y nosotros, da igual que vayan con unas características sirenas o dando pitidos con el silbato, en varias ocasiones los militares se tienen que bajar de su vehículo para que los conductores les hagan algo de caso… Las sirenas cortan la respiración, nacimos para correr y aunque el cielo ya cerró sus puertas, ncontraremos otro templo donde el sol, no nos pueda coger.

Después nos llevan a la comisaría de Quetta, aunque no sé para qué; ni si quiera nos dejaron entrar. Nos tuvieron un rato en la puerta con los escoltas para luego obligarnos a ir a un hotel, sin preguntarnos si queremos ir a un hotel o si podemos permitirnos ese, una vez más. Al igual que el día anterior, se huele mucho la corrupción entre la policía y los hoteles, espero que esta noche no nos traigan la cuenta de la cena de los militares que se quedan en el hotel, o que al menos nos pregunten si los queremos invitar, no como la noche anterior…

Tras mucho tiempo esperando, finalmente me dan una habitación. Al no tener el pasaporte ni el visado, no me querían dar alojamiento. Y eso que les enseñé las fotocopias que llevo siempre de todos mis documentos y que los militares corroboraron mi historia, (asegurando que la noche anterior entregué toda mi documentación en regla en Danbaldin y que lo había perdido por la mañana). Tras insistir mucho a los del hotel de Quetta, conseguí que llamaran al hotel anterior y me dijeron que mi pasaporte no estaba ahí, aunque también me dijeron que los militares no les habían llamado como ellos me habían dicho, pero les mandaron por WhatsApp una copia que sacaron de mi visado de Pakistán. Cuando los del hotel recibieron las fotos de mi pasaporte con el sello de la aduana de Pakistán y mi visado, me dieron una habitación.

Ya estamos en el lujoso hotel, una vez más sin cisterna, aunque he de reconocer que este es más lujoso que el anterior. Eso sí, 2500 rupias la noche, unos 32 euros al cambio, que para ser Pakistán es un sablazo importante.

Tras una ducha en medianas condiciones bajo a cenar con Álex al jardín del hotel, donde me comen los mosquitos pese al repelente.

No sé por qué me dan la carta cuando sólo tienen pollo y las verduras que ellos quieren JAJAJA pero después de todo el día con sólo unas galletas en el estómago les pido que me traigan todo lo que tengan.

Tras una cena contundente y muy picante, empiezo a contactar con la gente para pedir ayuda. Tengo que ver en qué situación estoy y cómo solucionar el marrón del pasaporte y el visado, ver qué opciones tengo y si alguien me puede ayudar.

Una vez que he contactado con toda la gente que se me ocurre me vuelvo a la habitación a intentar descansar, al fin y al cabo es sábado y la oficina donde consigo el papel para poder salir de Quetta está cerrada hasta el lunes, por lo que tengo todo el fin de semana para pensar. Todo un fin de semana en la ciudad con más atentados de Pakistán y de las que más del mundo… Definitivamente:

Sigo bebiéndome los labios de la suerte, suerte.
Vente conmigo y prueba algo más fuerte,
¡Aquí es donde nace el Rock & Roll!
Pisar la cumbre, no tengo elección
¡Aquí es donde nace el Rock & Roll!
Directo a la cumbre no tengo elección.

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