🇬🇪 Etapa 1×15 🇦🇿 – ✊🏼 Entre Dos Mares 🤘🏼

Amanecemos en no sé dónde; con la habitación totalmente a oscuras me despiertan unas voces al otro lado de la pared, no sé ni qué idioma es, ni donde estoy. Estoy totalmente desorientado. ¿Sabéis estas veces que te despiertas desorientado y no sabes ni dónde estás? Pues igual pero mucho más largo. Una vez que me centro recuerdo que estoy en un hotel o algo así, pero ni si quiera recuerdo dónde.

Enciendo la luz y ya me centro, ¡Ah! ¡Que estoy en el pueblo ese de noseónde, que casi me hostio en un paso a nivel pa’ llegar aquí, que estoy perdido entre dos mares, sin viento, sin bandera! ¡Que no quiero escaparates, que quiero la vida entera!

Lo que ya no tengo claro es si soy un bufón errante, buscando una princesa. Bueno, sea como fuere, toca recoger bártulos y salir pitando de este lugar, una vez más se nos ha hecho tarde así que ya sea a ritmo de Platero y Tú o de Fito & Los Fitipaldis¡Ponte el traje de luces que te coge el toro! Como muchos ya sabréis, el temazo Entre Dos Mares es del último disco de mis queridos Platero, que jamás han dejado de acompañarme en ningún viaje, desde bien chiquito. Pero Fito, por mucho que suela negarse, esta vez versionó a Los Platero e incluyó esta canción en la Fitografía por su 20º aniversario y yo, no iba a ser menos.

Estamos en pleno Cáucaso (este palabro no deja de sonarme a película), con el Mar Negro detrás y el Mar Caspio al frente, o con el Negro a la Izquierda y el Caspio a la derecha, lo que viene siendo Entre Dos Mares, así que nos ponemos el traje de luces y salimos de allí pitando, pues no hay desayuno, ni nada que se le parezca.

Cuando vuelvo a la moto descubro de donde venían las voces; unos albañiles estaban de obra justo en mi ventana. Al igual que en los Simpsons (cuando imitan no sé si a los rusos o a los alemanes) parece que están discutiendo y muy enfadados pero no, luego resultaron ser simpáticos, incluso me ayudaron a sacar la moto de la zona de gravilla en la que estaba.

Ya salimos del pueblo, de cuyo nombre no quiero acordarme y toca volver a la carretera principal. El GPS, de nuevo, me vuelve a mandar por el genuino “paso a nivel”, pero esta vez es de día y veo que una carretera que sigue hacia la derecha, así que decido ir a ver si hay otro paso más sencillo, algo que aprendes rápido con la moto de enduro (especialmente si no eres un Graham Jarvis ni nada por el estilo). En efecto, hay un paso a nivel normal por el que cruzo y vuelvo hacia atrás para retomar la carretera.

Una vez en carretera cogemos algo parecido a una autovía, aunque no está en la mejor de las condiciones podemos mantener los 110-120 Km/h, ojo, que no está nada mal.

Seguimos cruzando pueblos, aunque no está indicado en ningún sitio, simplemente vas por la carretera y empieza a haber casas y locales alrededor de ella. Todos son muy lineales. Viendo como funcionan aquí, me imagino que todos los negocios se intentan instalar a lié de pista, porque no veo muchas más opciones de negocio fuera de la carretera principal. Ya llevo 2 horas en marcha y sin desayunar, por lo que decido pararme en un sitio que más parece de las películas americanas que lo que yo me imaginaba de Georgia.

Me salgo fuera a desayunar porque todo el mundo está viniendo a ver la moto, así que prefiero estar viéndola yo también. Deduzco que se corre la voz por mi llegada, de hecho, a los 10 minutos aparece un niño de 7-8 años que tiene pinta de ganarse la vida por sí mismo. Viene con un pequeño maletín de herramientas viejo y oxidado, me lo quiere vender. Le digo que no amablemente pero insiste. Su ropa está rota y él está sucio, le ofrezco la mitad de mi sándwich pero no lo quiere. Se queda ahí pasmao, mirándome con asombro hasta que me me marcho.

Tras un rato de autovía empezamos a cruzar zona montañosa, lo primero que veo bonito desde que entré en este país. Al rato llego a la capital, Tiflis. No me gusta nada, mucho tráfico, muy desordenada, el ambiente está muy sucio, me río yo de la contaminación de Madrid. No pienso entrar en ella, pero el GPS me mete por barrios que tienen calles sin salida y me acabo metiendo más de lo que me gustaría. Por fin consigo salir de esta maldita ciudad y cuando termino de subir unas montañas veo a unos niños haciendo motocross.

Me recuerdan a a los pilotos de la Escuela de Motocross infantil de mi Moto Club (Escuela Off-Road Campo Arañuelo). En Georgia, en teoría, está permitido volar el dron pero hasta ahora no había visto una zona que me gustase y en Azerbaiyán está requeteprohibido, así que, como tenía que esconderlo, aprovecho para grabar alguna toma.

Intento volar pero los joysticks siguen sin funcionar y con el móvil es un peligro así que, después de un par de intentos, lo guardo en la bolsa de la ropa sucia. Monto todo y avanzo hacia la frontera con Azerbaiyán. Llegamos a la frontera y la cosa pinta mal desde el primer momento. Azerbaiyán tiene partes en guerra y ya había leído que era una frontera bastante dura así que nada más ver el percal decido quitar la GoPro del casco (y menos mal que lo hice, aunque es una pena).

Si las fronteras suelen estar compuestas por varias paradas que vas pasando, ésta es distinta; sí hay que cruzar un par de paradas pero son las de salida de Georgia y, en mi caso al menos, bastante pasotas. Al llegar a la de Azerbaiyán lo primero que veo es un gran atasco, hay vehículos y gente por todos sitios. Como un supermercado antes de un puente, hay varias filas de coches y es un caos. Lo segundo que veo es muchos trabajadores, pero no solo funcionarios y policías, hay muchos militares. Lo más raro es que no están en un segundo plano en plan por si acaso, están involucrados en el proceso.

Me cuelo entre coches y camiones adelantando posiciones hasta llegar a meta, que es donde de verdad empieza el cristo, una mezcla entre una ITV y un mercado. Hay varias colas, con varias ventanillas y el proceso no es nada intuitivo. Me tocó ir saltando de una a otra, haciendo cola con muchos camioneros que se las saben todas y están intentando colarse unos de otros. Hay que ir a varias ventanillas hasta que das con la que te toca ir primero, rellenar papeles y conseguir un sello, pasar por una varias ventanillas, volver a la misma, ir a una oficina de pago y seguir probando en todas las ventanillas otra vez hasta que das con la que te toca en ese momento, todo esto sin que nadie muestre ayuda, sin ningún cartel indicador y comiéndote la cola de cada una, es desesperante.

Hay un militar bastante joven que para todos los coches, está gritando a todo el mundo. No sé si es algún tipo de encargado pero al menos se lo cree. Aquí van todos los coches cargados hasta arriba, literalmente. Les hace desmontar maletas, abrir todo y luego les da el visto bueno, menos a uno. Empiezan a discutir y a este tipo le da igual que el militar vaya armado, no entiendo un carajo de lo que dice pero le está poniendo fino-filipino. Se monta un pollo bueno y encima los de atrás, para ayudar a resolver el drama, empiezan a pitarles. El militar casa vez demuestra más lo tontaco que es, que empieza a gritar a los de los puestos sucesores con una mano en alto y la otra en el arma. Se está liando la parda, al menos se me pasan más rápidas las colas.

Después de 2 horas de trámites, ¡2 horas! Parece que está todo, tengo mi pasaporte sellado, justificantes de pagos y varios papeles. Por cierto, me han vuelto a obligar a sacar un seguro aunque tenga el mío. Me monto en la moto y me dispongo a entrar en Azerbaiyán, pero hay una parada más. 2 militares me detienen, al principio me asusto pero solo son dos chavales que quieren saber acerca de mi y hacerse fotos conmigo y con mi moto. Están delante de la típica verja de un chalet que se abre con un mando a distancia. Me indican que me ponga delante pero no se abre. Me dicen que recoloque la moto para que la cámara vea la matrícula, pero nada.

Llaman por radio y me dicen que tengo que volver, que me falta un paso por seguir. Cuando vuelvo a la zona caótica, ¿Adivináis quién me falta por tratar? Así es, el estúpido militar. Resulta que aunque no te selle ningún papel, registra todos los vehículos y va diciendo las matrículas de los que ya ha revisado. Yo, acojonado por el dron, pensé que me había librado, pero no.

Viene desde el primer momento derrochando una mezcla entre enfado y superioridad. A mi favor tengo que al resto les flipa mi burra. Me empieza a decir que abra en un lado y en otro, ¡Parece que está buscando el puto dron! Me empieza a preguntar qué es casa cosa que llevo; el camping gas, la tienda de campaña, las herramientas. Cuando ve la cámara de fotos y la GoPro me pregunta que si llevo un dron, yo me quedo titubeando ¿Qué hago? ¿Me la juego y digo que no? ¡Si lo está buscando! ¿O le digo la verdad y que me lo requisen? ¡Pero si me lo quitan igual me detienen o algo y las consecuencias son las mismas que si me lo callo!

Se me quedan todos mirando, es un instante que se alarga y a mí se me ocurre aprovechar mi pésimo inglés: ¿Eh?

Me vuelve a preguntar, explicando con gestos lo que es un dron y me dice: ¿Air camera? ¡Ya está! ¡Me la juego y siempre podré decir que es por mi falta de inglés! Respondo: “Camera? Yes!”

Al pavo le cambia la cara, cree que ha encontrado algo, ¡Está nerviosito! Entonces yo voy y con cara de guiri estúpido e inocente abro mi maleta y le doy mi cámara de fotos. Pone cara de desesperación y empieza a decir ¡No! ¡No! ¡No! ¡This is a camera! A lo que yo respondo: Yes (con cara de tontino inocente y de: esto es lo más normal del mundo).

Se da la vuelta enfadado y me dice que me largue. Sigo interpretando mi papel intentando que no se me note mi alegría interna en forma de sonrisilla. Recojo todo intentando mostrar calma pero con el esfínter más prieto que los tornillos de un submarino. No coloco nada, ni termino de vestirme, me voy ya de aquí. Vuelvo donde la verja y esta vez sí que se abre la puerta, ya está, madre mía, qué intensidad de frontera, ni en el peor examen de mi triste pero extensa carrera académica.

Una vez entras en Azerbaiyán es muy parecido y a la vez muy distinto que Georgia. Se respira el mismo ambiente y la gente y los edificios son muy parecidos. Pero es mucho más desértico y hay mucho menos tráfico. Se nota mucha más desigualdad; veo bastantes 4×4 como Toyota Land Cruiser de Gama muy alta y por otro lado viejos Ladas, muy viejo y de gama muy baja, apenas veo coches normales. Lo mismo pasa con la ropa que lleva la gente.

Paro a repostar y lo primero que pregunto es si aceptan tarjeta de crédito. El gasolinero me dice que sí y va a la oficina que tienen al lado de la tienda, veo que habla con un hombre trajeado que me mira y se acerca para corroborar que voy a pagar con tarjeta, todo esto antes de comenzar a echarme gasolina. Mira mi tarjeta y, al descolgar la manguera, me señala el marcador y me pide que de el visto bueno a que marca 0 litros. Sin entender muy bien la situación le digo que vale y él mismo, con su traje y corbata impolutos, me sirve la gasolina, mientras 3 gasolineros sucios y con uniforme miran desde un paso atrás. Después de la operación marca muy despacio y enseñándome en todo momento la pantalla del datáfono. Pongo el PIN y siento que estoy realizando algo tan importante como firmar una hipoteca con un banquero.

Me da la impresión de que esto de los datáfono acaba de llegar aquí y no se fían del dinero digital. Yo no he conseguido cambiar el dinero Georgiano así que espero que siga habiendo banqueros en las gasolineras.

Termina de anochecer y seguimos, le hemos metido un buen tute a Azerbaiyán. No me está gustando el país; me siento inseguro, el paisaje es muy feo, todo está sucio y no consigo moneda local. Va pasando el tiempo y no se cruzan hoteles en mi camino, ni nada que se le parezca. Pasan unos 200 kilómetros y algo más de 2 horas, paramos en otra gasolinera y ni aceptan euros, ni tarjeta y yo sigo sin dinero Azerbaiyanés. Nos comunicamos como podemos y entiendo que en mi sentido no hay ninguna gasolinera, al menos que acepten tarjetas. La única que hay está en sentido contrario al que tengo que coger en la siguiente rotonda. No me la puedo jugar pues aunque me quede gasolina aún estoy a unos 100 kilómetros de la frontera con Irán, son las 12 de la noche y dudo que se pueda pasar de noche.

Una vez llego a la gasolinera vienen a atenderme varios gasolineros y se repite la situación, acaba viniendo el gerente o encargado (son más de las 12 de la noche) con mirada desconfiada a asegurarse de todo y actuar con la misma cautelosidad que su antecesor. Aprovecho para limpiar la pantalla del casco y de paso buscar hotel.

¡Vaya! ¡Ya he llegado al Mar Caspio! La verdad es que hoy ha sido un día de desconectar y rodar, solo he parado a repostar, el desayuno y la retención de la frontera. Tengo hambre así que intento comer algo, pero la tienda de la gasolinera va a parte y no aceptan tarjeta. Desde el momento en que he entrado ha venido una mujer a intentar que haga gasto, apenas tienen chocolatinas o papas fritas y me insiste en hacer algo de cena, pero ni acepta euros, ni tarjeta de crédito. Por suerte compre algunas barritas energéticas en el Decartón antes de empezar mi viaje y me alimento algo.

Sin comer y sin cenar seguimos la marcha, al menos tenemos gasolina, muy barata por cierto. Llegamos a la costa y la temperatura baja bastante. Hace bastante frío, no voy abrigado y hace algunos países que perdí el calefactable de mis puños.

Costa alante me voy acercando peligrosamente a la frontera con Irán así que me detengo a buscar hotel y, para mi sorpresa, hay uno a 20 kilómetros. Es la 1 y media de la noche así que no tengo muchas esperanzas puestas en un hotel de carretera secundaria de Azerbaiyán (me tuve que salir de la carretera para llegar).

Finalmente llego al hotel y tiene buena pinta, con jardines y muchos setos, pero está cerrado. Tengo frío, hambre y sueño. Estoy muy cansado así que insisto en el timbre. Al rato aparece un hombre bastante dormido al que le he jodío el sueño. Me mira con mala cara, como si de un ladrón se tratara. Le pido que me abra y le pido una habitación, pone mala cara, dando a entender que no. Sigo insistiendo y finalmente dice que sí. Ahora solo queda saber si aceptan tarjeta; otra vez sí. ¡Joder si hasta tienen WiFi!

Para colmo me dice que meta la moto en los jardines al otro lado, lugar inaccesible para coches. Después de un largo e intenso día, toca volver a cenar embutidos Iglesias, sin pan, pero algo es algo. Encima la habitación está muy bien, aunque creo que es caro para Azerbaiyán, unos 20€/la noche.

Rindo cuentas a mi gente y me tumbo a dormir un poco. Digo poco porque son las 3 de la mañana y a las 9 me gustaría estar intentando entrar en Irán, esa sí que va a ser gorda.

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