🇦🇿 Etapa 1×16 ⁉️ – ✊🏼Agotados De Esperar El Fin🤘🏼

Ya os adelanto que esta etapa es una buena chapa, pero es uno de los días o el día más crucial del viaje y uno de los más impactantes de mi vida.

Tras posponer varias veces la alarma, consigo amanecer a eso de las 9 de la mañana, aturdido y con agujetas.

Estamos en el hotel Mandarín, un hotel que encontré de milagro cuando ya creía que iba a pasar la noche al raso, chupando bastante frío. Menos mal que aceptaban pago con tarjeta, que por cierto, hotel de 4 estrellas por menos de 20 euros.

La pena es que no tienen nada para desayunar, así que nos ponemos a preparar todo, sobretodo a volver a esconder el dron en la bolsa de la ropa sucia porque la cosa con los drones en Irán está bastante caliente (y si no que se lo digan a esta pareja de australianos que fue detenida por volar un dron).

Intentamos desayunar algo para coger fuerzas en los pueblos adyacentes, pues la frontera de Irán tiene fama de ser de las más duras (especialmente para los que vamos en moto). Tras un intento fallido de pagos de desayuno con tarjeta por Azerbaiyán, intentamos llegar a la frontera, no sin antes perdernos por Astara. Es curioso que un pueblo que no tiene nada salvo la frontera con Irán, no tenga carteles indicando dónde está la frontera.

Tras dar varias vueltas consigo llegar a la frontera y me encuentro la primera sorpresa: salir de Azerbaiyán es tan complicado como entrar. Normalmente, las fronteras de un país son mucho más estrictas para entrar, que para salir del mismo, pero esto pintaba mal.

Nada más llegar me tratan con tan poco respeto como cuando intentaba entrar. Me mandan de un lado a otro, a enseñar papeles que me piden con desgana y hacerme esperar. Para mi sorpresa, cuando parece haber terminado todo me acompañan a la moto para registrarla de arriba a abajo. Me vuelvo a acordar de la madre que parió al dron, pues en Azerbaiyán están prohibidos.

No solo me registran todas las maletas, si no que me hacen desmontarlas para pasarlas por Rayos X. Ya no me queda otra que seguir interpretando el papel del disimulo intentando aparentar toda la tranquilidad del mundo aunque tengo el esfínter que no entra el bigote de una gamba. No sé cómo ha pasado, pero me dicen que ya está todo, prácticamente me dicen que me largue.

No sé muy bien cómo sentirme, llegué a la frontera preocupado por la entrada de Irán y he conseguido salir de Azerbaiyán por los pelos. Avanzamos y, según se levanta la barrera de Azerbaiyán, se termina el asfalto. Hay un camino entre dos muros de hormigón, recto, de unos 200 metros que terminan en una verja con 2 policías y algunas personas vestidas de calle.

Al llegar, me detienen y me indican que me dirija a la ventana que hay antes de la barrera, que os la imaginaréis a cota 0, pero hay un escalón de casi un metro en el que subirse, 0ara luego tener que hablar por una ventanilla a la que había que ponerse de puntillas y eso que yo mido 1’80m, es difícil encontrar algo de lógica por aquí.

Una maqueta de la frontera
(será de cuando estuvo en buen estado).

Según estoy asomándome a la ventanilla aparece un chico muy amable que me saluda y me dice que me espere un segundo hasta que vuelva, todo esto por gestos. En lo que dobla la esquina, aparece otro hombre a mi derecha pidiéndome el pasaporte. Tendrá unos 45 años, vestido de calle y más que pedirme mi pasaporte, me lo quita de las manos (literalmente). Por la pinta que tiene, no tengo claro si es un funcionario. Su camisa está llena de manchas, sus zapatillas rotas y va con una riñonera un tanto sospechosa.

De repente vuelve el chico joven que le cambia la cara al verme hablando con el otro hombre y se pone a discutir con él. El mayor le da largas y no le hace ni caso, le manda desfilar, se la pela. El más joven y educado, deduzco que intenta (medio le suplica) que le deje. Se están peleando por mí. Como ya me temía, son buscavidas y se pelean por ver quién se va a quedar con mi propina, o lo que quiera que vayan a ganar.

La discusión se sube de tono y el hombre mayor se pone muy violento. El más joven no se echa atrás y empiezan a levantarse las manos. Yo doy un paso atrás porque se van a zurrar y no quiero que me pille en medio. Se dan los primeros empujones y no parar de gritarse, un policía se mete en medio enseñando claramente que lleva la mano en la pistola. Aunque los humos se relajan un poco, no les importa demasiado, al menos al más mayor, que empieza a dar empujones al otro para que se vaya. El otro, aunque todavía intenta quedarse, le falta llorar. Finalmente se va, el que es más mayor está sudando a borbotones, aunque no es para menos pues hace un calor espectacular.

Finalmente, él ha ganado la presa, así que le entrego de nuevo mis papeles y se pone a intentar hablar por la ventanilla. Él es más bajo que yo y parece un niño de 5 años intentando asomarse en la barra de un bar para pedir un vaso de agua. Pero éste se ve que tiene bastante más picardías que un niño de 5 años, así que se salta las normas y se cuela en la oficina. Me dice que entre pero que me quede en la puerta. Se pone a buscar en las mesas pero no está a quién quiera que estemos buscando. Se asoma a la puerta y se pone a dar voces a un tipo para que venga. Le mete prisa para que se siente en su sitio y le va diciendo lo que tiene que hacer, todo metiéndole mucha prisa e incluso cogiéndole su mano, cogiendo un sello y sellándome con la mano del funcionario mis papeles. Finalmente, le mete unos billetes en el bolsillo de la camisa al funcionario y nos dice que nos vayamos.

Primera etapa superada, no sé cómo de largo será esto pero, aunque sé que el artista este me va a sacar los cuartos, me da la sensación de que voy a ir mucho más rápido, o eso espero. Cuando salimos de la oficina el buscavidas más joven está esperando fuera con la intención de recuperarme. Pero este más mayor (y también más pequeñín) ha llamado a un ayudante que es todo un grandullón. La corrupción del ambiente se puede masticar.

Superada la primera parte volvemos a la moto y me hacen ir abriendo todas las maletas y explicar lo que es cada cosa. Una vez más, he creado expectación y hay varios civiles, policías y funcionarios mirando. Me hacen desmontar todo y ponerlo en una mesa. Ven las baterías del dron y me preguntan, digo que son de cámaras de fotos. Esta vez estoy menos nervioso que en la frontera de Azerbaiyán, me da que no saben ni lo que es.

Superamos el segundo paso, la cosa no está yendo lo mejor posible, pero tampoco va tan mal. Mis dos colegas me dicen que los siga, el mayor le dice al grandullón que me lleve el casco y demás bártulos que me sobran. Ellos van andando y me dicen que les siga con la moto. Todo es un caos, no sé cómo describir esta frontera. En vez de ser un paso lineal es una especie de polígono industrial, un perímetro cuadrado, muy grande, hay muchos camiones, pocas carreteras y las que hay están totalmente destrozadas y con baches enormes. Todo está en ruinas, hay camioneros parados por todos sitios, sentados o tumbados junto a sus camiones. Me dicen que les siga pero no por la carretera, por una acera totalmente reventada que lleva a unas casetas. No hay carteles indicando nada, todo el mundo va por donde quiere y se conocen casi todos, parece mentira que sea un sitio tan serio como la frontera entre dos países, ambos con conflictos bélicos.

Me dicen que deje la moto y antes de pararla ya estoy rodeado de voyeurs que quieren saber más del extraterrestre. Me dicen que no hay problema pero yo no me fío, el sitio es más inseguro en lo que va de viaje y eso que es un organismo público con policía incluida. Hace un calor increíble y yo voy con toda la equipación al completo, lo que conlleva un mono de cuero y dudo que estemos a menos de 40°C. Todo esto, sumado a que desde ese lejano almuerzo de hace más de 24 horas no he vuelto a comer nada, hace que cada paso, pese.

Es un coñazo tener que atar y guardar todo todo el rato, pero no sé si voy a tardar 1 minuto o 2 horas. Si me quitan cualquier cosa, por barata que sea, me supone un fastidio importante así que decido guardar o llevarme todo.

Llevamos más de 4 horas en la frontera, sin parar de un lado para otro. Ahora ponen pegas a mi carnet de passages, están poniendo pegas pero no entiendo muy bien el qué, estoy un paso atrás pero el hombre me pide más dinero, dinero que el funcionario se guarda en el bolsillo de la camisa, pero sigue poniendo pegas y me parece que está diciendo que Irán no está entre los países aceptados.

Viendo que soy el único que respeta a los funcionarios y que todos los demás que están en las ventanillas de al lado manosean y discuten todo, decido dejar un poco de lado la amabilidad y meterme en medio. Mi socio me dice que me quede atrás y que le deje a él, que le intenta convencer tirando de colegueo, pero el otro se niega. Ya cojo el carnet de passages y le señalo Irán en la lista de países y el me dice que no, le insisto y le digo que esa es la lista de países aceptados, también le señalo una lista de países NO aceptados. Le cambia la cara y nos dice que nos sentemos.

Nos vamos a la zona de espera, a mí me va a dar algo, hace un calor insoportable y no dejo de sudar, me estoy deshidratando. No sé si lo hacen por mí o por ellos y a mí me invitan de rebote, pero el más joven aparece con 3 botellines de cristal, son limonadas fresquitas, ¿De dónde las habrán sacado?

Ahora hace falta algún tipo de escrito o documento que yo no tengo y mis 2 colegas se ponen a falsificarlos. Me dicen que me siente y que descanse, ellos consiguen un folio y se esconden como pueden para escribirlo, de vez en cuando me preguntan mis datos personales pero no sé qué carajo están escribiendo, igual vosotros lo entendéis.

No sé qué narices firmé…

Hasta ahora, como yo no tenía dinero Iraní, el más mayor me lo estaba prestando. Manejan fajos de billetes enormes, sé que es un país muy barato pero tal cantidad de billetes me empieza a preocupar, jajaja. Me piden dinero y solo tengo billetes de 50 euros, según lo ve el jefe, le hacen los ojos chiribitas. Me dice que ya me cambia él 😂, a saber el palo que me dan, es lo que hay.

Cuando pasa algún funcionario en traje, esconden los papeles y la limonada, se respira tranquilidad, sí. Al rato nos llaman y me dicen que me quede un poco atrás, más papeles, más dinero pero parece que la cosa avanza. Bien, nos vamos.

Volvemos a la moto y cuando yo pensaba que ya estaba, hay que volver atrás para ir a otro edificio. Cada vez que le pregunto si falta mucho me hace un gesto con los dedos indicando que poquito, pero su cara no dice lo mismo.

Llegamos al siguiente edificio y el tipo nos pide de nuevo el carnet de passages, está buscando la cilindrada por todas partes, les pregunta a mis colegas. Yo, que me huelo lo que se viene, me hago el longui hasta que me preguntan. Me la juego y les señalo la potencia (110 cv) en lugar de la cilindrada, a ver si cuela. Parece que se lo cree, pero quiere ir a ver la moto.

Cuando los del RACE se enteraron de que tenía intención de cruzar Irán me hicieron firmar este documento para darme por enterado de que no se permiten motos de más de 250 c.c. (una ley muy lógica).

Salimos fuera y el tipo esperaba ver una pegatina grande en la que pusiera la cilindrada, pero el único sitio donde lo pone es el colín y está tapado por las maletas. Sigue preguntando la cilindrada, ahora que ha visto lo grande que es la moto no se lo cree. Me vuelve a preguntar y le vuelvo a señalar la potencia, pero no cuela. Después de discutir y ver que no cuela, le señalo los 599 c.c.

Empieza a palabrear palabros muy rápido diciendo que no, yo le pregunto a mi abogado de secano que qué pasa y me dice que espere, mientras camina detrás de él haciéndole la pelota. Vamos dentro y parece que no hay manera, seguimos insistiendo pero recoge sus cosas y se va de la oficina (oficina que parece de los años 60, por cierto). Yo pienso que vamos a otro lado pero el tipo tira para un sitio y nosotros nos quedamos en la puerta con la moto.

Les digo que me expliquen qué ha pasado, (en Irán están prohibidas las motos de más de 250 c.c., bueno, según en qué momento del país, según mis fuentes ya lo han quitado). Le digo a mi socio que qué hacemos ahora y me dice que nada. Le insisto y, a través del traductor persa-español del móvil, me dice que me tengo que quedar hasta mañana. Le digo que no lo entiendo y me explica que son las 3 de la tarde y las oficinas de la frontera están cerradas hasta mañana.

Me enfado mucho con él y empezamos a discutir, le exijo que le he pagado 50 euros (muchísimo dinero) y que encima no he podido entrar, le exijo las cuentas de qué ha pasado con mi dinero. Él me intenta engordar las cuentas, aunque con eso ya contaba, con lo que no contaba es con que el más joven de ellos use su traductor y me diga que su jefe es una persona mala que me quiere engañar, que los impuestos que ha pagado eran muchísimo menos.

El mayor le pregunta al joven que qué ponía en el móvil, empiezan a discutir hasta que yo les corto. Le digo que eso no son las cuentas y finalmente llegamos a un acuerdo y le exijo una parte de los 50 euros. Mientras estamos discutiendo ha llegado una pareja con otro tipo en un viejo Toyota Land Cruiser rojo con una pegatina grande que pone Overlanders. El chico es de Gran Bretaña y ha visto la matrícula de España en mi moto. Como me ha visto discutiendo se me acerca a ver si necesito ayuda. Le cuento lo que pasa y me dice que espere a que regrese su novia, que ella habla español y me podrá ayudar.

¡¡Las vueltas que da la vida!! Una semana después, me encuentro en un grupo de WhatsApp una foto de esta pareja con mi amigo amigo Hamid, en la frontera con Pakistán.

La chica vuelve con el otro tipo, un chungo de cuidado. Le cuento la situación y me dice que no puedo hacer nada, que ya han cerrado la oficina y que hasta el día siguiente nada. El chungo la insiste en que se vayan ya y mis dos colegas se acercan a ver qué pasa. El más joven me pregunta si ella es mi amiga, le digo que sí y me escribe en el traductor del móvil que es un ladrón y un estafador, que no se vayan con él o les quitará hasta el coche y les dejará sin nada.

Hablo a la chica en español y la pregunto que de qué conoce al chungo, me dice que los está ayudando. Con un tono relajado, la digo que no se asuste y actúe con normalidad, pero que mi colega me dice que es un ladrón y un estafador, que le den una propina y se alejen de él cuando puedan pero con disimulo.

¡¡NI PUTO CASO!! Según la digo eso, le grita al novio y se sube al coche horrorizada, cerrando la puerta y echando el seguro en la cara del kinkillero, que se empieza a alterar y se gira hacia mí buscando explicaciones. Me hago el longui mientras me vuelvo con mis colegas buscando refugio. Él viene detrás refunfuñando y el joven se acojona pero el más mayor, aunque es un enclenque y el chungo está hiper-mazao, le rebate todo y le manda a tomar por saco. Después de unos minutos de voces y algunos empujones, el kinki se pira amenazando mientras señala con el dedo.

Pasado el sofocón, me siento en el suelo, medio me caigo más bien, apenas he dormido, no he parado en todo el día con un calor devastador, lo que hace que tenga el cuerpo empapado en sudor, me duele mucho la espalda, me acerco a las 30 horas sin comer y solo he bebido 200 ml de limonada… Como dicen mis queridos ilegales, estoy agotado de esperar el fin. Les pregunto qué opciones tengo; tengo que abandonar mi moto ahí y quedarme en el hotel que por unos 10 euros al cambio, podré pasar la noche y me darán de cenar.

Me da más miedo dejar la moto aquí, en la aduana, que en la calle de cualquier otro sitio en los que he estado. Me dicen que si le doy propina a un funcionario puede vigilarme la moto. No me queda otra opción así que, ¿Cómo están las motocicletas? ¡Confiscadas, están confiscadas!

Esta situación no puede más a la canción El Demomio, de mis queridos ilegales.

Dejo mi preciada Honda en una especie de Parking que hay para los vehículos retenidos en aduana, junto a un Mercedes que tiene pinta de llevar mucho tiempo ahí por narcomotivos, cojo la bolsa que llevo en el asiento de atrás, que es donde tengo toda la ropa de calle para dejar la moto todo lo candada y atada que puedo.

Cuando estamos saliendo nos paran en una garita, quieren registrarme. No me había dado cuenta de que al coger el macuto estaba cogiendo tambien la bolsa de la ropa sucia con el dron incluido. Me piden que abra el macuto y empiezan a sacar todo y revisar todo, sacan la bolsa de la ropa sucia y les intento explicar lo que es con gestos y señas. Me dicen que recoja todo. Uf. Tercera librada en un día, en qué momento compraría el puto dron JAJAJA.

Entramos en un sitio y me dicen que es el hotel. No sé muy bien cómo describir lo que es, creo que la entrada en el bajo de una casa convertido en una tienda de alfombras. Lo primero que hago es preguntar si hay WiFi, necesito internet para resolver esta situación. Un viejo me pide el pasaporte y luego me acompaña a la tercera y ultima planta. Es un piso y, según entro en la casa, como 4 mujeres con burka salen disparadas de ahí. Me acompañan a mi suite de lujo, donde encuentro mi lujosa cama de unos 80 centímetros y un cuarto de baño sin váter ni cisterna, pero con letrina. Es lo que hay, me da igual todo, sólo quiero darme una ducha para poder tumbarme y comer, estoy medio mareado. Por cierto, de la cena que había incluida hay el mismo rastro que del hotel.

Con la vuelta que conseguí de los 50 euros ya tengo algo de dinero irani y me voy directo a la tienda de enfrente a comprar agua, zumos, patatas fritas y bollos. Necesito comer lo que sea, ya buscaré algo para cenar en condiciones. Una vez conseguido algo de combustible intento ir a conseguir cambiar más dinero, calculo que tengo menos de 10 euros.

Irán es un país curioso, que yo sepa, es el único país en el que te advierten que tengas cuidado con cambiar dinero en los sitios oficiales, pues el euro se paga muchísimo más caro, el triple aproximadamente. Una pasada. Me dicen que tengo que conseguir mínimo 100.000 riales por 1€ y el del hotel me ofrece 50.000, salgo a la calle y pregunto a un chico que indica justo el local de al lado donde consigo cambio a 120.000 riales por €, en un bazar en el que también tienen tarjetas SIM así que aprovecho para comprar una y hacerme un número iraní para poder tener internet en el móvil, por unos 15 euros.

Ya solo me falta cenar en condiciones, tengo dinero y tiempo, qué atracón me voy a dar. Busco en Google Maps restaurantes cercanos, pues Astara, la ciudad en la que estoy, más insegura no puede ser. Es muy tétrica y yo, caminando solo por aquí, doy muchísimo el cante, todo el mundo se me queda mirando con cara de: ¿Que estará haciendo éste aquí? No me fío de nada, ni de nadie. Todo el mundo mira desconfiando y yo, no iba a ser menos. El ambiente es muy raro. Niños sin escuela de ayer, no les mires en los ojos, porque van desesperados. No viven, sólo esperan porque están desesperados.

Hay un restaurante en la calle de al lado, tiene una valoración de 2,9/5 pero es lo que hay, con que tenga comida me vale. Lo que sea. Entro y me recuerda a un kebab de los que tenemos en España, pero solo tienen comida cruda y una barbacoa en la puerta donde las asan. Pido algunas para que las hagan rápido y luego seguir comiendo todo lo que pueda.

Al fin estoy sentado y voy a comer pollo, cordero y ternera a la brasa, lo único bueno en un día de mierda. Intento relajarme y disfrutar del momento, el camarero es muy amable y se esfuerza por complacerme. Cuando apenas estoy empezando a comer… Aparece por la puerta el kinki, el chungo, el ladrón-estafador de la aduana. Me quedo boquiabierto, no sé cómo de pequeña es esta ciudad pero dudo que sea una coincidencia.

El tipo viene directo a mí con una sonrisa en la cara, coge un taburete y se sienta en mi mesa. Él no habla inglés pero me ha visto usar el traductor y me pide que se lo ponga en el móvil. Empieza a preguntarme que qué me han dicho los otros de él y qué le he dicho yo a la chica, esto con una sonrisa amenazadora y cogiendo comida con las manos de mi plato, al más puro estilo amenaza de Los Soprano. Miro hacia los lados y a nadie parece importarle o darse cuenta de lo que pasa.

Me dice (o eso deduzco de la traducción tan mala del persa) que mañana a las 8 de la mañana me estará esperando en la aduana, en mi moto. Quiere cobrarse de mí, lo que habría sacado a la pareja del todoterreno rojo de la aduana. Se me queda mirando sin quitar esa sonrisa de superioridad amenazadora y me pone la mano en el hombro. No sé muy bien como actuar, no quiero dejarle que se crea que me tiene acojonado pero si le quito la mano del hombro o le hago un gesto feo igual la liamos más. Miro a la puerta y veo un coche con los 4 intermitentes que deduzco que es de él, pero no veo si hay más gente.

Le hago un gesto de hasta luego a ver si se va, se me queda un rato mirando, me coge una brocheta y se la empieza a comer desafiante, se levanta y se la lleva, encima la de cordero, ¡Que vale el doble!😂

¡¿Qué narices ha pasado?! Miro a los lados y nadie quiere saber nada, no voy a decir que se me haya quitado el hambre por completo pero se ha visto mermada mi ansia de atracón, por lo que me espero a que me traigan las brochetas que faltaban pero no pido más. Cuando me las trae, le pido al camarero un cuchillo para cortarlas. Él me dice que se come con las manos y yo le insisto que quiero un cuchillo.

Si el kinki sabe dónde estoy cenando y tiene tanta facilidad para encontrarme, sabrá perfectamente donde está mi zulo. No sé si me esperará (o esperarán) fuera a que termine de cenar y regrese pero se me empiezan a pasar cosas malas por la cabeza, así que me escondo en la manga el cuchillo que le había pedido al camarero y me quedo un poco sentado pensando.

A los 5 minutos me levanto, sujeto con firmeza el cuchillo escondido contra mi muñeca y decido salir del restaurante. Iré al hotel todo lo rápido que pueda, cualquiera que me toque o me pare se lleva un cuchillazo, que por cierto, es de esos redondos casi sin sierra para untar el paté. No es mucho pero es lo único que tengo. Estoy completamente solo e indefenso ante el peligro y si vienen a por mí, nadie va a venir a ayudarme. Por suerte decidí dejar el pasaporte escondido en la habitación y no traerlo encima, aunque tampoco me fío de los del falso hotel.

No tardo ni 2 minutos al hotel, llego acelerado, no tenía muy claro si la amenaza esperaría hasta la mañana siguiente o se adelantaría. Bueno, al menos estamos en el hotel, medianamente acomodados, medianamente seguros y lo más importante, con internet.

El mero hecho de tener internet en el móvil lo cambia todo, al menos para mí que me siento como Arquímedes: “Dadme un dispositivo con conexión a internet y moveré el mundo“. Rindo cuentas a la familia, busco toda la información que puedo acerca del tema de la frontera, empiezo a contactar con Juan y David (los dos únicos españoles que conocía que han estado en Irán). También escribo a un contacto que tengo en Irán, pero que vive en la otra punta del país, en la frontera con Pakistán. Él me dice que hable con otro colega suyo, que cuando me pasa el contacto veo que le conozco de un grupo de viajeros por Asia, grupo en el que también escribo. En fin, intento prepararme todo lo que puedo para el día siguiente, espero poder entrar al país y que no me tenga que dar la vuelta.

Ha sido un día increíblemente duro y estoy agotado, agotado de esperar el fin, creo que no lo olvidaré jamás, uno de los más impactantes de mi vida, qué cantidad de sucesos en tan poco tiempo, qué montaña rusa de emociones, ¿Quién me iba a decir a mí que estaría yo durmiendo en un zulo, en la frontera entre Azerbaiyán e Irán con mi moto confiscada en la aduana? Si me lo dicen hace tan solo un año no lo habría creído.

Le doy vueltas y creo que no puede ser tan malo, mañana será otro día y estoy justo donde quiero estar; fuera de mi zona de confort, enfrentándome a situaciones nuevas, a ver cómo salgo de ésta. Toda mi gente está enfadada con Irán y su gente, hablando mal del país y de los iraníes, provocando por su preocupación por mí (y eso que no saben nada de las amenazas). Hablar con Juan y David me tranquiliza bastante, Hago una reflexión;

¿POR QUÉ TODA LA GENTE ME HABLA MAL DE IRÁN, EXCEPTO LOS QUE LO HAN CONOCIDO?

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