🇮🇷 Etapa 1×17 🇮🇷 – ✊🏼Tenemos Que Entrar🤘🏼

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Son las 6 de la mañana y ya estoy despierto, muy pocas veces en la vida me he despertado yo antes de que suene el despertador, no soy de esos. He dormido nervioso, no me fío nada del sitio donde estoy (para empezar no tengo ni cerradura en mi lujoso hospedaje) fueraparte de la charla que vinieron a darme la noche anterior en la cena.

Pero es lo que hay, el día anterior probé el encanto de los Zigarros y está comprobado que eso aquí no funciona así que no me queda otra que tirar de la agresividad de los ilegales que, sumado a que no he dormido, no sabes lo rápido que corre mi tiempo por eso soy, soy el Rey del Insomnio.

No he descansado pero la noche ha sido muy productiva; pude contactar con varias personas y pedir ayuda, entre otras Hamid, un tipo del ministerio de turismo de Irán que vive en la otra punta del país y un abogado iraní, que me pidió que no revelara sus datos. Esto me arrojó un poco de luz así que a golpe de los ilegales me levanto de la cama con energía y decisión, no soy violento pero me siento como un animal herido y por si no lo sabéis el Rock es una señal sonora y electrónica que induce a la violencia.

Me levanto y lo primero que hago es mirar por la ventana, no llevo aquí ni 12 horas pero, ¿Sabéis esa sensación de levantarse en un sitio aunque lleves muy poco tiempo que te hace sentir asentado y que ya no eres tan forastero? Pues eso, sumado a que estas dos personas de Irán han arrojado algo de luz al asunto hace que camine con decisión y energía. Sólo tengo que llegar a la frontera sin encontrarme con ningún chungo que me pueda pillar sólo por la calle. La oficina de la aduana abre a las 9, el buscavidas quedó en venirme a buscar a las 7:30 y el chungo me dijo que me estaría esperando en la moto a las 8, por lo que antes de las 7 quiero estar ya con mi moto esperando a los de las oficinas.

Dejo el edificio en el que me hospedo antes de que haya nadie por los pasillos y me dirijo a la aduana. Al llegar lo primero que recuerdo es otra vez el puto dron, pero ya os decía que hoy no llevo esa actitud de turista educado y pardillo que se para a preguntar por todo con mucha educación, por lo que camino rápido por delante de los policías de la puerta que revisan lo que metes y sacas, intentando dejar claro que no me tengo que parar, sin ni si quiera mirarles.

Cuando ya casi he salido de la garita uno me da el alto, yo con el ceño fruncido le contesto en mal tono que qué quiere, me dice que donde voy y le digo intentando demostrar que estoy muy enfadado que voy a por mi moto, que ellos me obligaron a dejar la noche anterior y antes de que me conteste vuelvo a caminar saliendo de la garita mientras voy pensando que espero que cuele la estrategia y no haga que se pongan más tontos.

Sigo sin mirar atrás y nadie me da el alto, buena señal, aunque es el primer día que de veras tengo miedo a que la moto no esté donde la dejé, otros días sólo había tenido dudas.

Tenemos que entrar, son los Platero, grupo que me acompaña desde que tengo recuerdo y no hay viaje sin ellos. Ese ritmo constante que los caracterizaba, aporta energía y te contagia su ritmo obligatoriamente. Llevo cantando esa canción en mi cabeza un rato, ya la noche anterior había pensado en ella al acostarme. Unas ventanas tapiadas, cientos de bocas cerradas, el Rock se queda sin casa, de nuevo la calma embarga a las gentes de bien, a la vez, en un camión; un bajo si voz, una guitarra herida y un amplificador. Más identificado no me puedo sentir.

¡Uff! ¡Qué alivio! Mi moto sigue ahí, junto a esos coches de gama alta que tienen pinta de estar ahí por algún tipo de tráfico ilegal. Afortunadamente no hay nadie esperándome. Me dispongo a quitar candados y cadenas cuando veo que tengo el asiento rajado, el día anterior con tanto calor y roce (de ir remando con los pies por llevar la moto casi parada mientras caminaba al lado de la gente) parece que se había podrido y se había rajado. Como tengo tiempo decido ponerme a intentar repararlo, aunque no quiero que empiecen a acudir todas mis citas y me pillen con la moto desmontada.

Reparo con cinta aislante negra el asiento, como puedo, es lo que hay. Ayer la aduana estaba petada pero hoy no hay nadie, el guarda de seguridad está dormido en su garita, lo cual no implica mucha seguridad. Tampoco entiendo que tenga que pagar un guardia privado por dejar la moto en un parking de un lugar público, menos mal que todo me resulta muy barato.

Cuando termino la ñapa monto todo rápidamente para irme a la oficina donde ayer me denegaron el accceso. El motivo por el que no me dejaron entrar es porque el gobierno de Irán decidió que el motor de mi motocicleta era demasiado grande para su país. Y eso que es de 600 c.c., cuando sé de buena tinta que otros han entrado con BMW GS 1.200, es lo que hay. El abogado me iba a intentar conseguir una ley posterior a esa ley donde pone que ya no es válida, o algo así. Hamid, por otro lado me dijo que él se dedica a ayudar a los turistas a entrar en Irán y lo hace gratis, que no tengo que dar dinero a nadie porque me ayude y que intente rechazar su ayuda.


Son las 8 de la mañana y ya hace un calor de escándalo. Llevo un mono de ropa transpirable pegado al cuerpo que se pone debajo de los monos de cuero de la moto, que ayer me quité con desgana y dejé hecho una pelota en el suelo, totalmente empapado en sudor y así seguía esta mañana. Por lo que me dirijo a la oficina con todo en la moto a medio cargar y yo a medio vestir, pues no sé si voy a poder cruzar o me voy a tirar otro día entero dando vueltas y sin poder marchar.

Cuando voy de camino aparece el buscavidas, se ve que ha ido a buscarme a mi lujoso hotel y alguno de los múltiples empleados le habrán dicho que ya me había pirado. Me empieza a silbar para que me pare y yo le miro pero no me detengo, echa a correr hasta que me alcanza y está todo el rato haciéndome la pelota, se piensa que hoy va a ganar más dinero. Me dice que vayamos a ver a un amigo suyo a una de las oficinas que estuvimos ayer y yo, enfadado, le digo que ni hablar, que voy a hablar con los que me detuvieron ayer. Él me decía que eso no era buena idea, que tiene amigos y que alomejor nos pueden ayudar. Yo le digo que no quiero favores, que necesito entrar y que voy a hablar con quien me lo impide. Tras discutir un rato (todo esto mientras yo avanzaba en moto y él me sigue medio corriendo) y ver que no me detengo, llegamos a la oficina.

Nada más entrar, él va a pelotear al mismo que ayer nos cogió el dinero pero no nos dejó entrar. Le digo al buscavidas que me diga quién es el jefe de aquello, que no voy a seguir hablando con esa gente. Pone cara de miedo y me dice que no es buena idea, que le haga caso. Le digo que me diga quién es, que voy a hablar con él directamente, no dejo lugar a discusión y veo una oficina apartada de las ventanillas y un tipo con traje sentado en un despacho, debe de ser el jefe. Voy directamente donde él y su secretario me para, empiezo a hablar en inglés y medio a voces, montando el pollo y enseñando mis papeles todo el rato. También hago público que todo el mundo me coge dinero, aunque no sé si alguien lo entenderá porque creo que nadie habla inglés por estos lares.

El jefe no sé si enfadado o intrigado me dice que pase y cuando voy a entrar el buscavidas se me adelanta y se pone a hablar con él, con tono de peloteo. Al ver que llevábamos la misma estrategia de ayer le digo que si habla inglés y me dice que más o menos. Me pongo yo a hablar con él y le digo que esa ley no existe, que he hablado con otras fronteras y que esa ley no existe, que si no me dejan entrar llamaré a mi embajada y les denunciaré, le digo que ya me han cogido dinero sus empleados y que yo tengo que entrar hoy al país sin falta. Estoy hablando en un tono totalmente imperativo y me la estoy jugando, el jefe echa miradas a mí y a sus empleados, cuando termino mi discurso el buscavidas vuelve a pelotear (se nota mucho cuando la gente de aquí habla con alguien “superior”, muestran muchísimo respeto y pelotean, los de arriba hacen todo lo contrario).

Empiezan un rato a hablar y pregunta algo a su secretario, que se va a llamar por teléfono. Yo, mientras tanto, miro mi teléfono a ver si el abogado me ha conseguido ya esa ley que me iba a mandar y me dice que la están buscando, pero que aún no la tienen. Yo me tiro el farol y le digo al jefe que tengo un abogado en Irán con esa ley, que si no me dejan pasar mi abogado vendría con esa ley, que hablen inmediatamente con otras fronteras porque en el resto de fronteras no hay ese problema (yo realmente no lo sé, sé que entrando desde Pakistán está Hamid y no hay problema).

Al rato de discutir parece que la cosa no mejora, por lo que saco el teléfono y le digo que voy a llamar al ministerio de turismo, ya de entrada le cambia la cara. Llamo a Hamid y le paso el teléfono al jefe, me doy la vuelta y está toda la oficina pendiente del drama, empleados y viajeros. Al rato de discutir, parece ser que aquí cada frontera va a su bola y que no termina de convencerle, pero al menos ya le hemos intimidado y planteado la duda. Le vuelve a decir al secretario que llame, deduzco que a otras fronteras.

Vuelvo a mirar el whatsapp y el abogado no me ha conseguido nada, por lo que decido decirle al jefe que voy a llamar al abogado para tomar medidas legales y le vuelvo a pasar el teléfono, no sé qué dicen pero veo que cambia el tono, que ya no es todo negativas y que ahora hay un diálogo. Mientras hablan yo le empiezo a exigir que me deje entrar, dando con mis papeles encima de la mesa e interrumpiendo la conversación teléfonica. Me dice varias veces que me calle pero le sigo molestando, el buscavidas me da en el hombro como diciendo que me calme y ya me levanto de la silla y le digo que no me calmo, que me sellen mis papeles que yo me voy de allí.

El jefe está ya hasta la polla de mí, cuelga el teléfono y llama a uno de los de las ventanillas para que venga a la oficina y le da mis papeles, no sé qué dicen pero por el tono y los gestos deduzco que le dice que se lleve a este pesao ya de una vez y que me deje entrar, o eso es lo que quiero pensar yo. El buscavidas le empieza a besar la mano al jefe, que se lo agradece con cara de asco, yo le doy la mano y salgo de la oficina, me muestra el mismo cariño que al buscavidas.

Salimos fuera a las ventanillas y el buscavidas me dice que ya casi está, pero me vuelve a pedir mi pasaporte y dinero. Le digo que no, que yo hablo con el de la oficina, que me pide el pasaporte y cuando se lo voy a dar lo mira y no lo coge, hace como que sigue revisando mis papeles. El buscavidas me dice que meta dinero en el pasaporte, coge dinero de mi mano y lo mete en el pasaporte. No sé cuánto es, serán menos de 5 euros pero yo saco algunos billetes, realmente me da igual, pero quiero que vea que muestro descontento. Al oficinista no le cuesta coger el dinero del pasaporte y guardárselo en el bolsillo de la camisa, pese a que le falta un brazo. Se queda un rato revisando los papeles y, finalmente, sí, ahí va, me sella mi carnet de passages. Uff, menudo peso me quito de encima. El buscavidas está flipando, creo que ha aprendido más conmigo que con el resto de viajeros de ese año, parece más contento que yo.

Con los papeles sellados y firmados salimos de nuevo a por la moto, camino con actitud ilegal, en mi cabeza empieza a sonar Si No Luchas Te Matas. Al volver a la moto me encuentro, entre varios curiosos que están toqueteando todo, con el chungo que me está esperando ahí con cara amenazadora. Pero, como dice mi canción; la inocencia de ayer, ya no puede volver. No hay doctrina que oculte al mercader.

Me empieza a decir algo y me da un golpe con el reverso de su mano (lleno de anillos de oro), según me da, me pongo de frente con cara desafiante y él pone una sonrisa de desafío. Tras un par de segundos mirándonos me vuelvo a la moto y me pongo a cargar la moto, me empieza a decir cosas y el buscavidas se pone a discutir con él. Pero a este no le habla con la misma chulería que a los del día anterior, se ve que al chungo le tiene miedo. La cosa se calienta y los curiosos se van alejando, pero hay un par de secuaces que están con el chungo y el buscavidas hoy está sólo.

Recuerdo que el día anterior, el chaval joven ayudante del buscavidas, me preguntaba que por qué voy a Irán. Él no podía entender como yo, viniendo de España iba a Irán, me comentaba que en Irán la gente es mala, que yo soy una persona buena, y que en Irán todos son malos. La gente es mala, la policía es mala, no hay dinero, no hablan con chicas. Que en España tenemos de todo. La verdad es que me lo pintó de una forma que me costaba explicarle mis motivos. La cosa está a punto de estallar, no sé si las autoridades se meterían llegado el caso, ni si eso me ayudaría o perjudicaría, igual me detienen a mí.

Por si acaso, decido ponerme la chupa de la moto. Si va a haber hostias o navajazos, la chupa tiene muchas protecciones JAJAJA. Vuelven los problemas, el tipo me viene otra vez a dar golpes en el pecho igual que Santi el de Los Serrano le daba a su hermano cuando le quería echar algo en cara. Como dice la canción: Tú quieres vivir, él quiere matar. Yo quiero evitar conflictos a toda costa, pero está claro que si te ven un poco débil, te comen, por lo que hay que hacerse respetar y ver hasta dónde están dispuestos a llegar. A la segunda le quito el brazo de un reverso y le digo que me deje en paz, avisándole con el dedo índice en su cara y dándole la espalda. Meto la llave en la cerradura y arranco la moto, el tipo se apoya en la cúpula de la moto, el buscavidas y los dos secuaces se quedan un paso atrás, expectantes. Aprovecho para ponerme los guantes, esas protecciones en los nudillos me pueden venir muy bien si hay que soltar alguna hostia JAJA. Con todo a medio montar decido arrancar para salir de ahí cuanto antes, el tipo se me para delante de la moto pero yo me le quedo mirando fijamente y salgo marcha atrás (delante hay unas escaleras de bajada JAJA).

Miro al buscavidas y echa a andar medio corriendo diciéndome hacia donde tenemos que ir ahora y comienzo a andar, mientras el chungo echa a andar hacia la moto con actitud muy chula y sigue haciendo gestos como exigiéndome dinero, yo sigo avanzando mientras miro de reojo por el retrovisor a ver si vienen, rezando para que me dejen en paz JAJAJA.

Parece que se quedan, pero no sé cuánto me queda por salir de esa puta frontera. Llegamos al final, hay un puesto de policía junto a una oficina, hay una barrera de las que se levantan y al otro lado se ve Irán. Parece que ahí acaba todo, a ver qué nos encontramos. Nada más llegar me vienen dos policías, pero el buscavidas llega corriendo y les dice que esperen, me pide los papeles y les enseña todos los sellos, me dicen que aparte la moto y que vayamos a la oficina. Le digo que cuántos trámites faltan y me dice que sólo uno, que ya no voy a tener problemas.

Entramos a la oficina y pasamos de un despacho a otro, dejando dinero en cada uno. Todos hacen el mismo gesto, sin apenas disimulo, de coger el dinero y guardárselo en el bolsillo de la camisa. Me pregunto si habrá alguien con alguna camisa sin botón en toda la frontera. Al menos no ponen pegas a nada. Terminamos todos los trámites y parece que ya está, un subidón de adrenalina recorre mi espalda.

Salimos a la moto, cargamos y… ¡¡ESTRAMOS EN IRÁN!! ¡¡MI MOTO Y YO!! ¡¡LO HEMOS CONSEGUIDO!! Me paro 2 segundos a hablar con el buscavidas pero estoy deseando salir de ahí como un misil tierra-tierra. Me dice que es una ciudad muy peligrosa, que salga de ahí cuanto antes pero que luego es un país seguro, me hace un gesto en plan: ¡Uff! ¡Vaya líos! Me sonríe con cara de a ver si me das algo de dinero, le doy la mano con cara de no te voy a dar un duro más. Los dos nos entendemos con la mirada, nos despedimos y me voy de ahí. Voy sin abrochar nada, sin vestir bien y con todo medio enganchado en la moto, pero hay que salir de Astara ya, la inseguridad se palpa en el ambiente y noto que aquí llamo mucho más la atención que en el resto de países, que no era poca.

Llevo ya un rato en reserva y sólo he encontrado una gasolinera, pero no vendían gasolina, sino gas. Me indican que más alante encontraré una, espero no quedarme tirado. Finalmente encuentro una gasolinera y todo el mundo viene a mí, a ayudarme, agradarme y sacarse fotos conmigo. El precio de la gasolina es increíble; unos 10.000 ríales el litro, que al cambio que he conseguido son unos 8 céntimos el litro. Llenar el depósito entero y las dos garrafas de 5 litros que llevo… ¡¡2 euros!! JAJAJA ¡¡VIVA IRÁN JODER!!

Todos flipan conmigo y con mi flamante burra, creo que no han visto nada igual por allí. Después de todos se hayan hecho selfies conmigo, yo me hago uno con ellos.

Había oído hablar de la hospitalidad iraní, pero no me dejan irme sin tomarme un té y unas galletas. La verdad es que no he desayunado y llevo varias horas sin parar, la adrenalina del momento no me deja pensar en el hambre, estoy acelerado desde esta mañana. Decido tomarme un descanso, ya me he alejado de la frontera y me doy cuenta que todo ha cambiado. La zona que atravieso es bastante verde y bonita, la gente es calmada y todo el mundo te sonríe, se te acercan pero notas que no buscan nada. Disfruto del momento y cuando miro el móvil descubro que hay mucha gente preocupada por mí, casi todos mis grupos de WhatsApp están que echan humo y para mi sorpresa, todos están hablando de mí. La verdad es que ha sido una situación bastante delicada, pero me doy cuenta que para los que no la están viviendo en persona debe parecer más delicada todavía.

Detenernos no es una opción, una vez que hemos tranquilizado al personal nos vestimos bien y nos lanzamos a la carretera dispuestos a devorar kilómetros. Cruzar Irán supone unos 3.000 kilómetros, he perdido dos días y ansío una larga jornada de puro Gas & Roll.

Van pasando los kilómetros y os puedo asegurar que llevamos un buen ritmo, para mi sorpresa la carretera es muy buena, una autovía bastante nueva y a la vez entretenida. No veo señales con límites de velocidad, pero si fuesen los mismos que en España no los estaría respetando. Tengo un subidón de adrenalina y no me quiero detener.

Han pasado dos horas y cuando me quiero dar cuenta, ha desaparecido toda esa vegetación que había al norte y estoy en una zona muy desértica, hace mucho calor y, ante la falta de gasolineras decido hacer un descanso y reponer mi depósito con una de mis garrafas, espero no tener que usar las dos.

Gasto el poco agua que me queda mientras me arrepiento de no haber parado a comprar provisiones en la zona anterior, que estaba llena de comercios al pie de la carretera, pero sólo quería avanzar y alejarme de la frontera, intentando recuperar el tiempo perdido. Espero que sea un tramo corto, pues no tengo agua ni comida.

Tras un largo rato encuentro una especie de gasolinera, aporta poca confianza pero es lo que hay. No sólo no tienen comida, ni bebida, si no que mis tarjetas de crédito aquí no funcionan y no sé para cuánto da el dinero que tengo.

Afortunadamente miro la cartera y recuerdo que aquí con 50 euros soy un milloneti, vaya fajo de billetes, me pregunto para cuánto dará en la realidad.

Pese a que la gasolinera es un puestucho, todo el mundo para aquí, me da que no va a haber nada en mucho tiempo, estamos en medio de la nada.

Volvemos a la pista y avanzamos rápido, la carretera está en buen estado pero los conductores no son de fiar, toca ir muy pendiente de ellos pero la verdad es que no me esperaba una carretera tan decente en Irán. Podemos mantener con relativa facilidad un ritmo de unos 150 km/h y me adelantan coches muy viejos con relativa frecuencia.

El calor aprieta y necesito hacer otro descanso, llevo un rato buscando pero no hay una sombra en la que pararse. Apuro unas gotas de agua de la cantimplora para mojarme algo la boca, los labios están abrasados. El descanso, cansa. Calculo que habrá más de 45ºC, con todo el equipaje de la moto y la cabeza bajo el sol, imaginad lo que apetece estar parado. Hay que seguir a fuego hasta que encontremos algo.

Como una hora después encuentro unas señales de algo que parece ser un centro comercial, me la juego y me salgo de mi carretera en busca de hidratación.

Sé que la foto da bastante asco, pero así está mi boca tras varias horas al sol sin poder beber agua, encima yo, que soy de beber bastante, en general.

Ha sido una tirada dura pero aunque sea un centro comercial sólo encuentro un sitio de comida, es comida rápida y encima ya tiene la cocina cerrada, al menos tiene una nevera con bebidas frías y sobras de comida. Parece que el desierto se ha terminado, pero que nadie diga que ha sido fácil

Sólo quedan dos de esta especies de empanadillas, están más secas que una pecera de mimbre, pero es lo que hay. En realidad no sé ni lo que he pedido, he señalado en la carta varias cosas escritas en iraní hasta que he dado con algo que si que tenían.

Esto es muy raro, es un aparcamiento grande y está lleno, el parking es igual que un centro comercial en España, pero aquí solo hay algunas tiendas de ropa y no hay nada de comida, ni de ocio.

Volvemo a la carga, el estómago no está lleno pero al menos estoy hidratado y llevo suministros aguáticos. Unos 100 kilómetros después siigue haciendo mucho calor aunque parece que ya hemos cruzado el desierto.

Avanzamos sin descanso hasta que nos metemos en un atasco, debe ser la entrada a una ciudad. El móvil que llevo de GPS, con el calor, se ha apagado con una alarma de sobrecalentamiento. He tenido que poner mi móvil como navegador, pero Google Maps no funciona en Irán, no en modo navegador. Tengo que ir mirando el mapa en los cruces, y en carretera no había tenido mucho problema porque son tiradas largas, pero estoy a las afueras de una ciudad y en medio de un atasco, lo que me hace que me equivoque de salida varias veces en pleno atasco y pierda 2 horas de vida; el sol ha bajado pero sigue haciendo mucho calor y esa cantidad de coches no ayuda.

Para cuando quiero salir del atasco se ha hecho de noche y me salta la reserva, por lo que tiro hasta encontrar una gasolinera que, por suerte, tiene varios puestos de comida al lado.

Todo el mundo se hace fotos conmigo aquí, incluso cuando les doy mi móvil para que me hagan una foto, se hacen una foto conmigo JAJAJA.

Estamos en Irán, cuesta creerlo pero asín es. Parecía imposible llegar hasta aquí pero la Gas&Roll actitud es lo que tiene, que cruza fronteras sin parar. Hablo con mi colega el abogado, que me dice que está en Isfahan y me ofrece hospedaje ahí. Se lo agradezco pero está muy lejos para llegar en un sólo día y llegaría a las 3 de la mañana, aparte de que me tendría que desviar de mi ruta. Me pide que le mande mi ubicación y me dice puedo llegar esa noche a Kashan. Se queda asombrado de que esté tan lejos de la frontera en tan poco tiempo, a más de 500 kilómetros, estos no saben con quién han dado.

Reponemos fuerzas con un bocata típico del lugar y volvemos a la carretera, toca buscar donde dormir pero no encuentro hoteles, booking aquí no funciona y en la carretera no encuentro nada.

La verdad es que tenía mucho miedo a Irán, su fama (y mis prejuicios) habían hecho que me lo imaginase de otra forma, no pensaba que fuese a poder circular de noche y, de no ser así, habría tenido que estrenar la tienda de campaña y acampar por ahí en el desierto. Aunque sea de noche cerrada hay bastantes coches en la carretera, lo cual me tranquiliza, en realidad no es tan tarde, pero anochece muy pronto.

Finalmente llego a Kashan y me pongo a buscar alojamiento, las aplicaciones de hoteles no funcionan pero, sorprendentemente, si la de hostels y encima hay uno en la ciudad. Pongo rumbo allí y me sorprende mucho la ciudad, es tarde pero las calles están abarrotadas de gente, bueno, de hombres, mujeres no he visto ninguna. Según me ven pasar la gente sale de las aceras a la carretera a intentar verme, hay motillos por todos lados, todo el mundo tiene una. Los chavales (y no tan chavales) se suben a la moto para seguirme y poder mirarme de cerca, están alucinando. Por un lado mola, pero cuando llego al hostel y descubro que el acceso es peatonal y tengo que dejar la moto en la calle no me mola, antes de parar ya tengo más de 10 personas a mi alrededor flipando con la moto, preferiría poder guardarla en algún sitio.

Miro el móvil y tengo un mensaje del abogado ofreciéndome buscarme él un hotel, encima me dice que conoce uno en Kashan que tiene sitio para guardar la moto y que si llama él no me cobrarán precio de turista, si no el precio que suele pagar él cuando va allí. Ya había pagado el hostel pero me da igual, no pienso dejar la moto en esas condiciones.

Cuando estoy llegando al hotel, veo que tengo que salir de una carretera principal y empezar a circular por unas callejuelas dignas de películas de guerra en Afganistán. Las calles son de menos de 1 metro, las paredes de barro y paja, la iluminación inexistente, los giros de 90º. Rozo las maletas en varias esquinas, hay hombres durmiendo en la calle que despierto al pasar y al principio miran enfadados molestos por el deslumbramiento, luego ven la moto y se levantan rápidamente para mirarla con más detalle.

Me siento como en las películas de guerra, en serio, paso a escasos centímetros de las ventanas de las casas y veo como las mujeres me miran con desconcierto, algunas incluso tapando las ventanas a mi paso.

Finalmente llego al hotel, al menos a donde pone en el mapa que está ubicado, menos mal que pude comprar una SIM y tengo internet. Cuando llego sólo hay una puerta de madera cerrada a cal y canto, no hay ningún cartel de hotel ni nada y la calle tendrá dos metros de ancho. Al escuchar el ruido han venido curiosos, pero en el hotel no abre nadie, tampoco estoy seguro de que sea un hotel. Finalmente salen a abrirme y me dicen que primero tengo que ir a la oficina de enfrente a hacer el chek-in. Cuando entro me atiende un chico joven que habla bastante mejor inglés que yo y que se esfuerza en hacer todo muy rápidamente.

El otro hombre, me acompaña a mi habitación. El hotel es una chulada, son pequeñas casas con mini patios y veo fuentes y piscinas por varios sitios, aunque yo sólo quiero dormir. Cuando subo unas escaleras para llegar a mi habitación, me encuentro un patio compartido por dos habitaciones, hay dos chicas que están sentadas en unos sillones de fuera que, al verme, se meten rápidamente en la habitación.

Para ducharme tengo que salir al baño, que está al otro lado del patio y las chicas se vuelven a meter corriendo en la habitación. Dudo que yo sea tan feo, pues no les ha dado tiempo a verme, me da la sensación de que no debe estar bien visto que tengan encuentros con un chico y menos extranjero.

Cuando vuelvo de la ducha veo que se han dejado los móviles en los sillones de fuera, creo que se han metido en la habitación sólo hasta que yo me acueste. Una vez dentro, no consigo entender qué pone en el papel en el que me han escrito la contraseña del WiFi y decido salir a preguntarlas, según abro la puerta se meten corriendo en la habitación, le enseño a una el teléfono mientras la pido que se pare un momento para que me ayude y, nerviosa y casi sin mirarme, escribe la contraseña en mi móvil y avergonzada se mete en la habitación. Me siento hasta culpable.

¡¡ABATIDOS PERO ERGUIDOS!!

Lo hemos conseguido, estamos en Irán y, aunque hemos perdido 2 días en la frontera, le hemos metido una paliza de 700 kilómetros a este duro terreno. Estoy agotado pero tengo una sensación de superación increíble, pocas veces me he sentido tan bien. La unión hombre-máquina, el reto personal, el increíble choque cultural y una montaña rusa de emociones me provocan una sonrisa que físicamente me cuesta mostrar, pues me duele todo.

Vamos a dormir, en una cama decente y hasta tenemos una nevera con dos botellas de agua y aire acondicionado, todo por menos de 10 euros, Irán cada vez pinta mejor.

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